Dos ilustradoras comienzan la aventura.

Catalina Di Cocco estudió diseño y descubrió su llamado en la producción artística. Quiere poder dedicarse tiempo completo a la ilustración, explora con nuevas técnicas, nuevos materiales y comienza a dar sus primeros pasos en el mundo de las ferias, la oferta y la demanda. Estudia a los animales para poder representar figuras llenas de vida. Nos cuenta cómo es su proceso de creación y qué la inspira.

Paula Saffores, estudió economía y decidió retomar lo que había sido un pasatiempo y ahora es una nueva forma de expresión. Antes que explorar nuevas técnicas, revisita lugares comunes en su formación e intenta desenmarañar lo que la conecta con ellas. Nos habla de formatos, de ventas, de canales de difusión.

Comenzamos la charla en un bar cerca de alguna de las tantas estaciones de la intrincada red de vías de Belgrano. Hay mucha gente entrando y saliendo porque la primavera comenzó a dar sus primeros paseos. Hablamos de las ferias que tienen programadas y de sus cuentas de Instagram. Hablamos de las redes sociales como plataforma, muchas de ellas todavía no capitalizadas por los artistas en nuestro país. El puntapié que da comienzo a las preguntas son las ferias y las galerías, las diferencias entre unas y otras.

¿Creen que hay una diferencia entre ilustrador y artista? ¿Dónde está la línea?

C: Como yo lo veo, la ilustración va por lo comercial y trata de comunicar algo. El arte, en cambio, trata de expresar un sentimiento. Para ilustrar un libro antes se convoca a un ilustrador que a un artista. Que la puedan entender todos.

P: Para mí varían los circuitos, la intención y los formatos. Es más común en ilustración que sean formatos más chicos, más democráticos incluso, porque van dirigidos a la persona que tal vez no sabe de arte pero le gusta y aprecia algo lindo, le gusta leer un libro con buenas ilustraciones, o regalarlo, o decorar su casa.

Hay una tendencia a revalorizar al ilustrador y la pieza original. Se ve mucho en el género del cómic, ¿ustedes lo notan?

C: Sí, por suerte está creciendo mucho el cómic. Los fanzines ahora están tomando muchísima fuerza. El collage también. Tal vez a alguien que no tiene idea le hablás de ilustración y se imagina lo que uno ve en los libros, las ilustraciones científicas o cuentos para chicos, pero es mucho más amplio.

De lo que veo en tu trabajo tenés muchas ilustraciones de animales. ¿Cómo pasaste de diseño industrial a eso?

C: Desde chica me fascinan, quería ser científica, siempre los dibujaba. Ya cuando empecé diseño seguía inspirándome mucho en anatomía animal, botánica, el mundo natural en general. Nunca dejé de dibujar y cuando empecé a trabajar me di cuenta de qué era lo que quería y qué no, y en ilustración me tiraba más y más para ese lado.

Y sin embargo, no son ilustraciones sacadas de un libro de zoología, tienen calidez, incluso un poco idealizados.

C: Sí, de hecho tengo amigos que son biólogos, y siempre que les mostraba algo, lo miraban y me decían: “Éstas son focas demasiado tiernas” y se reían porque decían que dibujaba animales súper agresivos, como las focas leopardo o las orcas, y lograba hacerlas dulces. No es adrede, pero es parte de mi estilo y también por usar acuarelas, que da a los colores una suavidad que otros materiales no otorgan. Ser acuarelista es muy difícil, es un material delicado, el proceso es rápido, eso me gusta, pero si te equivocás... fuiste.

¿Sos ansiosa?

C: ¡Sí, mucho! Lo divertido es que trabajás con una mancha. Podés probar distintos movimientos con el pincel, ponerle sal y formar texturas. Vos das aportes pero le tenés que dar un poco de libertad. Se transforma en un trabajo en conjunto entre lo que decide la acuarela y lo que vos querías hacer.

Investigo mucho a los animales para después poder representarlos bien anatómicamente. Hay una artista que admiro mucho, estadounidense, Terryl Whithlatch, que hace concept art y animales (diseñó para la película de Star Wars) y tengo libros de ella en los que dice que si querés armar animales fantásticos primero tenés que conocer a todos los que existen. Y ella hace todo: arma desde el esqueleto, la musculatura, la piel, y es interesante ver cómo es el proceso. También ver cómo el dibujo se construye, porque así me sucede a mí. En mi cabeza el dibujo es 3D. Cuando dibujo pienso: “esto es como bisagra, tiene este movimiento”. Sin entender eso terminás haciendo personajes duros, rígidos, sin la fluidez del movimiento, un error común. Entender que es una construcción.

En tus últimos trabajos... ¿por qué el tapir?

C: Por que es muy lindo [se ríe]. Estuve haciendo muchos animales de acá, de Argentina, de Sudamérica.

Me encantaría hacer libros para chicos, porque me divierte y se aplica a mi estilo. Hice un cuentito muy cortito y chiquito, en formato fanzine, y en vez de encuadernarlo, armé una gran hoja plegada muchas veces. Es un cuento de una mamá explicándole al hijito cómo cebar un mate y termina con el nenito probando su primer mate. Son peludos que acá en provincia de Buenos Aires hay un montón. Es un animal re común, y siempre de chiquita me encantaron. Yo vivía en el campo y se te acercan porque son muy curiosos, son muy confiados... así les va, ¡pobres! [risas] No ven bien, entonces hasta que te huelen no se dan cuenta... y con esa ternura me imaginé la historia de la mamá en la cueva y cómo viven en sus casitas.

Mencionaste muchas veces el fanzine, ¿cómo llegaste a eso?

C: No sé muy bien cuándo inició el movimiento, probablemente con artistas que escribían o pintaban y no tenían dinero para publicar o editoriales interesadas. Entonces empezaron a hacer estas revistas ellos mismos, porque se pueden hacer con fotocopiadora, imprimir y repartir.

Los conocí cuando empecé a ir a las ferias, de la mano de una chica, muy simpática, que le tocaba siempre al lado mío y ella hacía fanzines. Yo conocía las formas más simples, de fotocopiadora y recortes, pero esta chica hacía cosas súper elaboradas. Vos le podés dar la complejidad que elijas o que más se adecue a tu trabajo. Y como yo no iba a publicar en una editorial este cuentito chiquitito y quería hacer algo rápido para compartirlo, se me ocurrió plegarlo como fanzine. En internet muestran muchas maneras de hacerlo. Busqué uno de muchas páginas que incluso podés imprimir de los dos lados y hacer como un juego, porque lo vas desplegando y se van formando otras imágenes.

¿Cómo se conjuga el estilo personal con la necesidad de hacerse conocer? ¿Cómo es la dinámica con los trabajos por encargo?

P: Para mí la impronta se da de forma inconsciente. Me pasó que mis dibujos son muy intrincados, mucho detalle, muy chiquititos. Al tratar de reflexionar el origen, me di cuenta de que está conectado con lo detallista que soy en otros ámbitos de mi vida, una persona que piensa mucho y eso era lo que se traducía en mi estilo.

Me pasó que gente se me acerca y dice “me encanta lo que hacés” pero me encarga piezas con características distintas a mi estilo. En esos casos prefiero referirlos con alguien más. O también me encuentro con la gente que lo quiere “para mañana”. Al vivir en un mundo de lo inmediato, cuesta entender que lo artesanal toma tiempo, inspiración, hay que hacer pruebas y “ponerle cabeza”, pero me encanta que comience a haber interés por el arte y piezas originales.

C: Un ilustrador tiene una veta de búsqueda personal y también los motivos comerciales que lo llevan a una feria donde expone algo que “guste más fácil”. La gente tiene voluntad de comprar algo original de alguien con pericia pero lo tiene que enloquecer como para que compre una pieza grande y hacer encargos. El público general pide algo más chico. Y si es algo chico y original todavía mejor, pero el original es siempre más caro.

Después de muchos proyectos, ya no acepto el “hacé lo que vos quieras”, pido detalles y a partir de eso lo interpreto. Me pasa incluso con diseño. Pero mucha gente hace encargos sin saber lo que quiere. Y pasa lo mismo con el arte: es importante que sepa lo que quiere.

Mencionaste el tema de racionalizar y pensar en tu estilo. Tus cuadros parecen conectados con el boom de los mandalas y ese costado de meditación y reflexión.

P: Yo empecé hace siete años. Con un estilógrafo, una tarde empecé a dibujar en una hoja entera dibujos pequeños sin una forma particular pero entre los cuales incluía mensajes ocultos o frases del momento. En mi caso que no soy ilustradora full-time, me divertía porque es parte de una distracción, de un juego.

Estudié economía empresarial, pero siempre me gustó dibujar e hice un curso en el IUNA. En mi caso, como lo hago por mi cuenta y por gusto, no me gustó tanto la idea de tener que regirme por reglas estrictas. La persona que sabe dibujar tiene un montón de reglas y técnicas en la cabeza, pero en mi caso prefiero más jugar. Hice una feria este año, pero es algo que me lleva mucho tiempo. Dibujo pero no muestro todo. No sé por qué dibujo cada cosa en particular, es mi parte inconsciente, pero dejo que fluya.

¿Qué opinan del arte digital?

P: Estuve haciendo diseño web y diseño digital. Y para el tipo de dibujos que hago, me alivia un montón de horas. Está bueno cuando se mezclan las dos cosas.

C: Tiene distintas aplicaciones también. Me río cuando me junto con gente que estudió Bellas Artes, y veo lo que es arte digital y concept art, que no hago todavía pero lo admiro mucho. Hacen capas como el que pinta con óleos hace veladuras y es un proceso que también lleva mucho tiempo, sólo que en este caso se puede hacer “control z” y volver para atrás.

El dibujo digital te permite hacer cosas mucho más rápidas. Si trabajás para una agencia de publicidad o para videojuegos o películas, hay fechas de entrega y no se pueden estar pintando escenarios en acuarelas u óleos porque un error te obliga a empezar de nuevo.

¿Viniendo del ámbito de la economía, cómo ves el panorama del arte?

P: Creo que hay propuestas de galerías tradicionales y establecidas que se enfocan en un nicho de gente con buen poder adquisitivo. Las ferias independientes dan la oportunidad a personas que quizás no pueden gastar en arte de adquirir algo lindo y que le guste. También el formato chico logra que se vea el costado impulsivo de la compra.

¿Pero no se corre el riesgo de estar entrando en lo puramente comercial?

P: No creo, porque el lugar no determina la calidad de la obra, para mí hay gente en esas ferias que es muy buena. Yo le compré una pieza a un artista, Gabriel Altamirano, que es excelente.

¿En qué tienen puesto el ojo ahora?

P: Busco mucho sobre arte contemporáneo y me gusta aprender sobre el autor y la muestra para comprenderlo mejor cuando veo las exposiciones. Oscar Muñoz es un artista, por ejemplo, cuya obra te permite acceder a lo que vivió en Cali y los carteles. Me encanta la historia de Van Gogh que empezó a pintar de grande, y el mensaje de que “nunca es tarde”. Es el caso de Henri Rousseau, francés. Revisité libros que tenía de chica, los de Roald Dahl ilustrados por Quentin Blake que ahora veo con otros ojos.

C: Estoy muy interesada en entrar en la parte editorial infantil, aunque también hay mucho libro ilustrado para adultos, sin ser contenido adulto. Compré uno sobre Shackleton y la expedición a la Antártida. Para crecer hay que incursionar en lo desconocido, es clave participar de proyectos, en colaboraciones, con productos que pueden ser en publicidad o editorial. Estoy explorando el trabajo de William Grill, de Unguerer. Ahora estoy investigando sobre los que ilustraron para la industria del entretenimiento, sus nombres no son muy conocidos pero tienen sus libros publicados. Estoy buscando, conociendo.

P: En ArteBA vi el trabajo de Claudia Cocca, tiene grandes piezas en lápiz con un nivel de detalle increíble. Me gusta más lo nuevo. No me interesa que sea tan perfecto y sí que se transmita más la expresión. Los chicos, por ejemplo, son mucho más intuitivos. Algunas personas cuando crecen piensan “yo no puedo hacer esto”. Y tal vez a alguno se le da más la técnica que a otros, pero si es expresión y juego, cualquiera lo puede hacer.

El encuentro duró unos minutos más hasta que poco a poco abandonamos el tema que nos convocó para aterrizar en series, películas y alguna que otra cuenta interesante para seguir en Instagram.

Me despedí de dos jóvenes entusiastas, llenas de proyectos, con la voluntad de perseguir el sueño de dar rienda suelta a lo que las apasiona, pero con los pies bien puestos en la tierra. Son realistas, pero no se dejan abatir. Son la muestra del espíritu emprendedor de esta generación y la feliz respuesta al renovado interés por el arte y las obras originales: más y mejor producción artística para cultivar el alma.


Comentarios

02 de noviembre, 2017

Ana Gallo

Rosario, Paula y Catalina, reciban Uds. mis más sinceras felicitaciones. Me resultó sumamente enriquecedor, pues no imaginé el trabajo que lleva una ilustración, desde la formación del artista hasta el resultado final. Además me resultó muy amena su lectura. Quedo muy agradecida y en espera de próximas publicaciones. Ana Gallo


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